Catequesis 1 (Noviembre 2010)

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DIOS NOS HA HECHO CAPACES DE VIVIR CON ÉL Y   SALE A NUESTRO ENCUENTRO EN JESUCRISTO

SÍNTESIS

La vida y la realidad “abren” permanentemente el horizonte del hombre.

El hombre, que busca el infinito, se pone en camino. El hombre cristiano sabe que en este camino no va solo, es compañero de todos los hombres a los que considera hermanos.

Dios sale al encuentro del hombre. En Jesucristo, Dios responde a la búsqueda y a la espera del hombre. Dios nos muestra su misericordia y el amor que siente por cada uno de nosotros al enviarnos a su Hijo.

1.    Pensar en lo infinito

¿Piensas a veces en quién eres? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuáles son tus respuestas a estas y otras preguntas?

Hay circunstancias y experiencias en la vida que nos permiten descubrir quiénes somos. Nos describen la verdadera naturaleza y estatura de la vida, de nuestro ser personas.  Estas circunstancias hacen presente la intuición de lo eterno para lo que estamos hechos. Pensamos en lo infinito porque la realidad que tenemos delante nos abre los ojos de par en par, nos dice que hay algo más y que debe durar para siempre.

Una apertura que puede ser descrita como deseo y como nostalgia, y que nace de las experiencias más verdaderas de nuestra vida: el amor, la percepción de la belleza, la pasión por la propia libertad, la rebelión ante la injustita,  el misterio del sufrimiento y del dolor, en la humillación del mal que uno hace, en la búsqueda apasionada de la verdad, en el gozo del bien.

En la experiencia que hace de su propia vida, el hombre percibe la presencia de lo infinito. Ese mismo infinito que se anuncia en el mundo. En la inmensidad y en la belleza sobrecogedora de la creación. El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin.

2.    La vida es este deseo

¿Te has planteado tú búsqueda de Dios como un deseo o es algo más que viene con  los grupos, el colegio, la familia…?

 

Todas las personas deseamos el infinito. Este deseo del hombre coincide con la vida. Desear lo infinito es desear la plenitud de la vida, porque ese deseo es el hilo conductor que da unidad a cada instante, a cada circunstancia de nuestra vida. Sin este deseo, la vida sería una simple retahíla de hechos y sucesos, una acumulación  de experimentos, de tanteos, incapaz de edificar tu persona.

Cuando hablamos de religión, hablamos precisamente de esta búsqueda de lo infinito por parte de los hombres, y por ello todo hombre, de una manera u otra, es religioso.

3.    En camino

¿Qué sabes de otras religiones? ¿Qué crees que tenemos en común?

Una pregunta, una intuición abre un camino. El hombre, que piensa en lo infinito, se pone en marcha. La intuición de lo infinito es el motor de la vida, la razón por la que el hombre ama y trabaja.

Los hombres esperan en las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana, que hoy como ayer, conmueven íntimamente su corazón.

Convivir con personas de otras religiones es la ocasión para reconocer la identidad del deseo y de las preguntas que constituyen su corazón y el nuestro, y es una ocasión privilegiada para reconocer la unidad entre todos los hombres. Las respuestas que se ofrecen son muchas, pero la pregunta es una sola.

Cuando buscamos lo infinito tenemos que tener cuidado con la “idolatría”. A veces vemos en una persona un signo de lo infinito y esperamos que esta persona cumpla con plenitud el deseo de plenitud que ha suscitado. Pero los ídolos antes o después defraudan porque no pueden dar respuesta a nuestra búsqueda de lo infinito.

4.    A nuestro encuentro

Podemos leer las bienaventuranzas y sacar de cada una de ellas cómo Dios sale a nuestro encuentro. ( Mt 5,1-12)

¿Cuál es tu experiencia de encuentro con Dios?

Nuestro deseo de búsqueda de lo infinito a veces parece que es en vano y de hecho sería en vano si estuviese destinado a quedar eternamente insatisfecho.

El hombre es capaz de lo infinito y puede acogerlo si Éste sale a su encuentro. “ Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5,3).

La pobreza de espíritu que bendice Jesús en las bienaventuranzas constituye la plenitud de la experiencia humana. Es el momento en el que el corazón del hombre que estaba en camino dice a lo Infinito que ha intuido: ¡Ven manifiéstate! Cada fibra del ser del hombre espera y desea, pide y suplica que lo infinito salga a su encuentro.

Y Dios no ha dejado sin respuesta la súplica del hombre. Dios se revela y se da al hombre, lo hace revelando su misterio, su designio benevolente que estableció desde la eternidad en Cristo a favor de todos  los hombres.

5.    Compañeros de camino de todos los hombres

¿Vives tu búsqueda y tu experiencia de Dios con tu familia, amigos, compañeros de grupo…?

Todos los hombres somos compañeros de camino.

Reconocer el deseo de lo infinito que constituye el corazón de cada persona nos permite darnos cuenta de la unidad que existe entre todos nosotros.

Las expresiones de este deseo pueden ser muy diferentes, pero son expresiones de una misma búsqueda que vive nuestro corazón.

Quien se reconoce en búsqueda sabe que está cerca de todo hombre, nada ni nadie le es extraño. Para la Iglesia no hay “lejanos”, porque todos los hombres viven, se preguntan y desean. Todos buscan y Dios sale al encuentro de todos.

6.    La paradoja de la espera

Pensar en noticias y situaciones de la actualidad en las que el hombre quiera dominar la creación (por ejemplo la Eutanasia, el aborto) ¿Cuál es tu postura?

El hombre busca una respuesta al deseo infinito que  lo constituye. La peculiaridad de esta búsqueda es la espera. Todo hombre está a la espera, pero ¿Qué espera? O mejor aún, ¿A quién espera?

Parece paradójico que el hombre, un ser finito y limitado, desee lo infinito. Esto puede llevarnos a la tentación de negar que somos limitados o de negar nuestra apertura a lo infinito.

Esta tentación, viva hoy en día, lleva al hombre a preguntarse ¿somos capaces de dominar nuestro principio y nuestro fin? ¿podemos considerarnos creadores nosotros mismos?  Los cristianos respondemos a estas dos preguntas que no. Sabemos que el intento fallido por darse respuesta por uno mismo hace que el hombre se sienta herido, y eso le puede hacer negar la existencia de lo infinito para intentar sanar su herida.  Tanto si negamos que somos limitados como si negamos la existencia de lo infinito, abandonamos la espera.

7.    Dios responde a la espera del hombre.

Recordamos que pronto estaremos en adviento. El tiempo de adviento es tiempo de camino y de espera para la llegada de Jesús ¿Cómo preparas tú la llegada de Jesús?

Se pueden leer algunos pasajes del Antiguo Testamento en los que Dios sale al encuentro de los profetas. (Is 45,8), (Ex 3,7-10).

Si somos capaces de vencer esa tentación y conseguimos seguir a la espera, encontramos que la respuesta sale a nuestro encuentro.

No somos los únicos que estamos a la espera. Los profetas del Antiguo Testamento expresan con particular intensidad esta espera del hombre.

Ahora que empezamos el adviento, los profetas nos acompañan en este camino hacia la Navidad, manteniendo y educando nuestro corazón a  la espera de Dios que viene, que responde a nuestra sed.

La respuesta que esperamos sale a nuestro encuentro. Es una respuesta que no estaba en nosotros. No es una respuesta que nos pueda ofrecer otra persona, no es una ayuda de  un “genio”. Es una respuesta capaz de responder a mi sed. Es una expresión de la piedad de Dios por el hombre. Dios no abandona al hombre sino que inicia con los hombres una historia de salvación.

Dios responde a la espera del hombre en la historia, sale a su  encuentro allí donde vive, ama, trabaja, sufre, goza. En la realidad concreta de su pueblo y a través de dicha historia, Dios se hace respuesta para el hombre.

La historia de salvación que Dios obra con su pueblo encuentra en la liberación de Egipto –la Pascua- y en la alianza del Sinaí su momento culminante. Dios ha respondido y lo ha hecho con sobreabundancia y al alcance del hombre: el pueblo de Israel puede comprobar en su propia carne que Dios salva.

8.    Jesucristo: la respuesta de Dios al hombre

Leer los encuentros de Jesús que narran los Evangelios.

(Jn 1, 35-39); (Jn 1,41); (Lc 19, 1-10); (Mt 8, 23-27); (Mc 2, 1-12)

Dios no cesa de responder y lo hace cada vez con mayor misericordia. Ha querido responder a nuestra espera en la historia y por medio de la historia.

Dios ha querido llevar a plenitud su designio histórico de salvación. Dios envió a su Hijo; esta es la respuesta de Dios a la espera del hombre. Si Dios ha enviado a su Hijo, entonces mi sed puede encontrar quién la sacie. Se trata simplemente de encontrar, o mejor, de ser encontrado por Aquel que dios ha enviado: el Hijo de Dios ha sido enviado por el Padre para salir a nuestro encuentro.

Enviando a su Hijo, Dios quiere responder personalmente a nuestra espera. A la sed del hombre podía responder solo Dios, y lo ha hecho personalmente, Dios se hace hombre para responder humanamente a nuestra sed, para establecer un diálogo con el hombre.

Jesucristo es la respuesta a nuestra espera, por lo que la cuestión fundamental de nuestra vida es encontrarnos con Él.

 

ORACIÓN

Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: "Buscad mi rostro".
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana.

(Salmo 26)

Dios y Señor nuestro,
ninguno te hemos visto tal como eres en ti mismo.
Y, sin embargo, no eres del todo invisible para nosotros.
No has quedado fuera de nuestro alcance.
Tú nos has amado primero,
y ese amor tuyo ha aparecido entre nosotros,
se ha hecho visible.
Pues Tú enviaste al mundo a tu Hijo único
para que vivamos por medio de él.
Así te has hecho visible:
en Jesús podemos ver tu rostro.

(Según Deus caritas est 17)

 

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